|
APOSTASÍA
Aunque sumida,
la tierra ofrece crías para el sacrificio:
Rinocerontes alados, bisontes del desprecio,
ibis de arcilla hacia el fuego celeste.
Un esplendor de soledumbres
detendría en mí su aleta.
¿Y cómo se embriaga con ajena sangre
el río oscurecido por el alba?
Díganme el grito, llórenme el vuelo.
¿Qué madre de rameras
peregrina ante la puerta de esta hora?
|